30 may. 2012

:: 31/5 Lopez Lage en SOA art-cafe ::

Las pinturas de esta serie plantean un sistema vital que promueve reflexiones sobre la vulnerabilidad del género pintura, nuestro accionar (estéril) sobre la traducción, sobre el arte y su sentido, sobre el espacio y los territorios de poder. El arte nos ofrece, gracias y a pesar de su espectacularidad, un diagnóstico dudoso. Pensar el arte o en este caso la pintura, como un mapa sobre el presente, las relaciones de los hombres y la naturaleza sería una hipótesis inverificable. La geometrización de lo social a través de estructuras de control y la emergencia de toda una serie de instituciones destinadas al encierro, la disciplina, la cura, fue un aporte fundamental de Michel Foucault a la cultura contemporánea. Muchos pintores a finales del siglo XX presentaron la crisis de la geometría en sus obras como un tópico que emparentó los textos de Foucault y un reordenamiento del territorio donde la geometría en la pintura se mantiene lejos del ideal de Euclides. Por el contrario se muestra más cerca de una representación del panóptico y sus organizaciones sociales, como formas de diagramas del control. Una geometría que se mimetiza en la pintura como algo vinculado a lo narrativo y a lo figurativo. La geometría dura que representa el hospital, la fábrica etc., ha dado paso a una geometría blanda, vinculada con espacios sin identidad ni memoria, no-lugares, a la autopista, a internet. Espacios que se definen principalmente por la imposición de un tiempo actual. Espacios para recorrer, no para vivir y que se miden en unidad de tiempo. Lo que hace una década se planteaba como una experiencia propia de la red, hoy está integrado en nuestras experiencias cotidianas: en las concentraciones urbanas, en los medios de transporte, las autopistas, los aeropuertos, los parques de diversión, los supermercados, los grandes centros comerciales. La pintura como un hecho en sí mismo, su auto conciencia es un abordaje que se transforma en herramienta. Un sistema de pensamiento se acomoda y el foco de investigación es el color, el cuadrado, el rectángulo, la ortogonal. El fenómeno dominante es el color, irrestricto y tóxico, redundante e internacionalista. La anamnesia del color en cada obra consiste en variadas capas de pintura a veces transparente, a veces opalescente, y/o flúo.  El color es una postura política, quizás sólo para una lectura local. Es un manto extraño sobre la producción intelectual influenciada por la modernidad montevideana, las tonalidades y las sombras, que por otro lado son características de la idiosincrasia nacional. El color irrestricto es un territorio que no responde a teorías del color, sino a una forma de ver con los estados alterados, fragmentados, interrumpidos, una expresión del duelo patológico, de las pérdidas.El color y el acto de pintar son una estrategia y en ese proceso se conforma el sistema de pensamiento. El esqueleto de bastidor lleva a que la pintura se transforme en un cuerpo, que va reformulándose sobre sí misma, se congrega en zonas de franjas abigarradas o espacios más amplios y de color pleno. Zonas que entredejan ver errores, acumulaciones, gestos, desórdenes rítmicos, manchas, loops.Un apunte sobre barras paralelas, sobre rectángulos y cuadrados que ensordecen a los de la capa anterior, que se muestran a partir de un borde, conformando así, una historia clínica del cuadro. Fernando López Lage

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