16 sept. 2012

:: "La Mano" del artista Mario Irarrázabal cumple 30 años, emplazada en Punta del Este ::

A los 30 años de su creación, el escultor chileno Mario Irarrázabal evoca anécdotas y responde preguntas para diario EL PAIS, sobre la concepción de la célebre Mano, que emerge de las arenas de la Playa Brava y hoy ha alcanzado la estatura de un ícono universal.

Nunca conoció a quien lo invitó a participar de la denominada "Primera Reunión internacional de escultura moderna al aire libre de Punta del Este" celebrada treinta años atrás. Mario Irarrázabal fue el último en ser invitado. Otros ocho escultores habían llegado antes que él, precedidos por su fama y una larga trayectoria.
Irarrázabal, con 41 años, llegó al balneario uruguayo con las ganas de todo joven escultor. El lugar elegido para emplazar las obras fue el "Parque de las Américas" de la playa Brava.
El enorme espacio público se transformó en un gran taller de esculturas al aire libre donde los nueve artistas tuvieron un plazo de apenas algunos días para finalizar sus obras.
En medio del trabajo se generó una pelea que pasó a la historia. El escultor paraguayo Hernán Jugiari, fallecido a finales del 2011, advirtió a los responsables de la muestra que no permitiría que su obra, Ala de Gaviota, quedara ubicada al lado de la escultura de Irarrázabal. En caso contrario, se retiraría del concurso y regresaría a Asunción. Para evitar que la cosa pasara a mayores, Irarrázabal dijo a las autoridades que se iría con su obra a la playa, fuera del perímetro del Parque de las Américas. Su decisión le daría la razón. Hoy su escultura se transformó en un ícono de Punta del Este.
Todos los días centenares de personas bajan de ómnibus y vehículos de todo tipo para tomarse una foto delante de ella.
El pasado jueves, el escultor chileno tuvo su reconocimiento, coincidiendo con el 30° aniversario de la creación de La Mano fue declarado "Ciudadano Ilustre" de Punta del Este durante un acto celebrado en la embajada uruguaya en Santiago y al que asistió el alcalde del balneario, Martín Laventure.

-¿Cómo vino a parar hace treinta años a Punta del Este?
-Fui a participar en el Simposio latinoamericano. Hasta el día de hoy yo no sé quién me escogió a mí en medio de gente muy famosa, muy conocida. Por el contrario, yo era muy joven y muy poco conocido.
-Usted llegó a Punta del Este pero no con la idea previa de levantar una escultura en la playa Brava, ¿no?
-Para nada. Fue en un simposio que se realizaba en una plaza muy moderna. Creo que se llama "De las Américas". Tenía unas palmeras. Era muy triste todo. No tenía césped por ningún lado. La idea entonces era colocar unas ocho o nueve esculturas en ese lugar central. Entonces, se generó ahí la famosa pelea con el paraguayo (Hernán Jugiari).



-¿Cómo fue esa discusión?

-Él dijo que mi escultura iba a tapar la suya. Por eso amenazó con que si mi escultura se colocaba en ese lugar que había elegido se iría de regreso a su país. Fue una situación muy divertida. Como los organizadores de la municipalidad estaban muy preocupados, yo les dije que no había ningún problema y que me iba a la playa. Gracias a eso salí ganando. Mi acción de evitar un lío resultó mejor de lo esperado.
-¿Ya tenía en mente la forma de la escultura?
-No. La idea del simposio era la de no llevar una idea definida sino que nos adaptáramos un poco a un lugar que no conocíamos. Yo por lo menos. En los dos primeros días nos paseaban por lo que tenías la posibilidad de cambiar tu proyecto. Algunos de los escultores llegaron con la idea bastante definida de lo que iban a hacer. Incluso, teníamos la posibilidad de cambiar los materiales que en principio seleccionamos.
-¿Cuánto tiempo le llevó definir la escultura tal como está ahora?
-Tuvimos cinco días para definir el proyecto. A tal punto que mientras estaba elaborando la escultura en la playa delante de mí estaba la banda de músicos con banderas inaugurando las otras esculturas. Casi no hubo tiempo porque los obreros que me ayudaron también tenían que colaborar con los restantes escultores.


-Su escultura se transformó en un ícono de Punta del Este. Todos los días centenares de personas se toman fotos delante de ella.
-Eso es muy importante para mí porque una cosa es como la construí y otra como está hecha. Imagínese que en apenas cinco días uno no puede lograr nada muy perfeccionista. Se hizo lo que se pudo. Y el tercer elemento lo constituye la reacción del público. Cómo lo ve la gente. Y lo que pasó es que de las ocho esculturas que hay en el parque, pareciera que ésta fue la única que el público la hizo suya. Bien puede decirse que no la hice yo sino que la hizo la gente que la adoptó como suya.
-La escultura pasó al dominio público. Supongo que es lo que busca todo artista cuando elabora una obra de arte.

-Claro. También podría no haber pasado nada. O sea, se dieron las cosas de esa manera. No hay ninguna obra maestra que se haya hecho muy rápido y que tenga un símbolo que le dice algo a la gente. En este caso, el lugar donde está ubicada no es un detalle menor.
-¿Por qué?

-Esa misma mano, entre medio de edificios, seguramente no tendría esa magia.
-Cuando le dieron los materiales para construirla, seguramente usted pensó que no duraría muchos años.
-Para nada. De hecho fue reparada muchísimas veces. La pintura se fue perdiendo, de repente la arena se mueve entonces aparecen las fundaciones. Curiosamente, con la buena voluntad de la gente de allí la escultura se mantiene.
-¿Qué noticias tiene de la escultura? ¿Qué le dice la gente? ¿Cómo sigue lo que pasa con ella?
-Mucha gente que va para allá cuando regresan me vienen a ver para contarme lo que vieron, para mostrarme las fotos que le sacaron. También sale mucha información referida al turismo donde aparece. De alguna u otra manera me llegan noticias.
-Pasaron más de treinta años y la escultura tiene una vigencia brutal. A toda hora la gente se saca fotos delante de ella. Inclusive de noche. La revaloriza en cada momento del día.
-Eso me da mucho para pensar. Puede ser una obra excelente pero puede estar encerrada en un lugar no accesible para las personas. Esto fue, por citar un ejemplo, como la Estatua de la Libertad de Nueva York. Son esculturas públicas sobre las cuales nadie se pregunta si son muy importantes, si son muy creativas sino que pasan a ser símbolos y forman parte de la vida de la gente.
-Usted replicó este tipo de esculturas en otros puntos del globo terráqueo. ¿Qué pasó con ellas? ¿Tuvo la misma repercusión?

-Realmente no. Poco tiempo después me pidieron que replicara una para un encuentro que se hizo en el parque Juan Carlos Primero de Madrid. La tienen muy cuidada pero no tiene la magia de ésta de Punta del Este. Que yo sepa es muy poco el público que la va a ver.


-¿Y la que colocó en el desierto de su país?
-Pasa algo parecido con la de Punta del Este. Si bien está en el medio del desierto son muchos los camioneros y los turistas que se sacan fotos delante de ella. Ha tenido también una repercusión muy importante.
-¿Cuándo fue la última vez que visitó Punta del Este?
-En oportunidad de la pintada que le hicieron en las uñas, creo que fue por el 2002. (Nota de Redacción: la intervención del artista Marcelo Morillas).
-¿Cómo tomó esa intervención?

-Con humor. Incluso si quieren pintarle las uñas todos los años que lo hagan. A mí no me importa porque no se trata de una estructura de mármol preciosista.
-Tengo entendido que se quedó unos días en la casa de Marcelo Morillas, en el Cerro de Montevideo

-Él me alojó en su casa. Fue muy simpático. Yo le retribuí la invitación pero Marcelo nunca pudo venir a Santiago. Disfruté mucho de mi visita a Montevideo porque pude conocer al pueblo uruguayo. Fueron unos días muy hermosos.
-Esta escultura le ha dado muchas satisfacciones.

-Una cosa es lo que queremos los artistas. Y otra es como reacciona la gente. Es algo que uno no puede controlar. Para mí esa mano la hizo la gente. A mí me interesa cómo la ven, cómo la gozan. Y lo importante es que uno no cierre su significado, sino que cada uno vea en ella lo que quiera.
-¿Le molestó alguna interpretación que ha tenido la escultura en todos estos años?
-A mí me molestó cuando se manejó el significado de la "mano del ahogado". Yo nunca pensé en eso. Todo lo contrario: la hice como un deseo de humanizar al mundo. O lo que la gente quiera ver pero no me gustó que le dieran esa interpretación del ahogado. Es algo negativo. No me gustó.
-¿Qué sabe del mantenimiento de la escultura?
-Debajo de la escultura están los cimientos. Una plataforma que una vez se rompió. En esa ocasión, uno de los dedos, el índice, se movió hacia atrás. Esto me preocupó muchísimo. Por eso propuse hacer una restauración pero no sé si se hizo. Sugerí hacer algo que no permitiera ver los cimientos y reparar ese dedo que se fue para atrás.

FUENTE: www.elpais.com.uy

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